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EL REENCUENTRO CON DORI

agosto 29, 2026, 06:57, No hay comentarios
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Hay personas que forman parte de nuestra historia aunque pasen veinte años sin verlas. Ayer viví uno de esos momentos que se quedan guardados para siempre.

Después de más de veinte años me reencontré con Dori, mi querida Dorita, con su marido Emilio y con su hija Laura. Ellos son de Íscar, Valladolid, pero Laura vive actualmente en Castro Urdiales, a apenas unos treinta minutos de donde yo vivo. Y quizá lo más bonito de todo es que la vida, después de tantos años, volvió a cruzar nuestros caminos.

Porque Dori no es simplemente una antigua amiga. Dori forma parte de mis comienzos.

Hace muchos años, cuando yo empezaba a abrirme camino como naturópata, tuve la oportunidad de comenzar a pasar consulta en Íscar, en el humilde herbolario que regentaba Dori. Durante varios años, cada sábado, cogía mis cosas y me desplazaba hasta allí para atender a los pacientes que ella me había ido agendando.

Aquellos sábados fueron mucho más importantes de lo que yo podía imaginar entonces.

Yo estaba comenzando. Tenía ilusión, ganas de ayudar y una enorme pasión por aquello que estaba descubriendo. Pero necesitaba que alguien confiara en mí y me diera una oportunidad.

Y Dori lo hizo. Ella confió en mí. Y por eso ayer, durante nuestro reencuentro, quise darle las gracias. Porque gracias a aquella mujer que un día decidió abrirme las puertas de su pequeño herbolario, pude descubrir que aquella profesión era realmente mi camino.

Después vendrían muchos años de consultas, estudios, experiencias, aprendizajes y, finalmente, mi regreso a mi tierra, Bilbao, donde continué desarrollando mi trabajo y tuve la oportunidad de ayudar a miles de personas.

Pero todo camino tiene un comienzo. Y en el mío, Íscar y el pequeño herbolario de Dori ocupan un lugar muy especial.

Ayer estuvimos recordando muchas de aquellas historias y anécdotas de hace más de veinte años. Nos reímos, nos emocionamos y, por unos instantes, parecía que el tiempo no hubiera pasado.

Es curioso cómo funciona la vida. Puedes estar veinte años sin ver a una persona y, cuando vuelves a sentarte frente a ella, descubrir que el cariño permanece intacto.

Nos hicimos fotografías, hablamos de aquellos años y disfrutamos de algo que quizá ninguno de nosotros sabía cuánto necesitábamos: volver a encontrarnos.

Y mientras regresaba a casa pensé en algo.

A veces creemos que somos nosotros quienes construimos nuestro camino, pero en realidad, a lo largo de la vida, aparecen personas que colocan pequeñas piedras en él para ayudarnos a encontrar la dirección.

Dori fue una de esas personas para mí. Por eso este artículo no pretende ser solamente el recuerdo de un reencuentro. Es, sobre todo, un GRACIAS.

Gracias, Dorita, por confiar en aquel joven naturópata que comenzaba a dar sus primeros pasos.

Gracias por abrirme las puertas de tu herbolario. Gracias por confiarme a tus pacientes.

Gracias por creer en mí cuando mi camino profesional todavía estaba empezando.

Y gracias porque, aunque hayan pasado más de veinte años, ayer pude volver a mirarte a los ojos y decirte algo que quizá llevaba demasiado tiempo pendiente: gracias por haber formado parte del comienzo de mi historia.

Algunas personas pasan por nuestra vida. Otras dejan una huella. Y hay unas pocas que, sin saberlo, ayudan a cambiar nuestro destino. Tú, Dorita, eres una de ellas.

Con todo mi cariño.


Alberto Lajas

www.albertolajasescritor.com 

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