Lo peor que te pasó es lo mejor que te puede pasar

Si alguien me hubiera dicho hace años que algunas de las peores experiencias de mi vida acabarían convirtiéndose en mis mayores bendiciones, probablemente habría pensado que estaba loco.
Porque cuando estamos sufriendo, nadie quiere escuchar que aquello tiene un propósito. El dolor duele. La pérdida duele. La enfermedad duele. El fracaso duele. Y es completamente humano sentirlo.
Sin embargo, la metafísica nos invita a mirar la vida desde un plano mucho más elevado.
Nos enseña que el Universo no siempre nos da lo que queremos, sino aquello que necesitamos para evolucionar.
Y ahí está la gran diferencia.
Muchas veces pedimos abundancia, pero antes debemos aprender a dejar de depender del dinero.
Pedimos una pareja consciente, pero antes debemos sanar nuestras heridas emocionales.
Pedimos paz, pero antes sale a la superficie todo aquello que nos la estaba robando.
Es como si el Universo dijera:
"Primero limpiaremos la casa. Después llegarán los nuevos invitados."
El bambú que nadie entiende
Existe un ejemplo muy conocido.
El bambú japonés permanece durante años sin crecer prácticamente nada sobre la tierra. Muchas personas pensarían que la semilla está muerta.
Pero bajo el suelo está desarrollando un inmenso sistema de raíces.
Cuando termina esa preparación invisible, en apenas unas semanas crece varios metros.
La pregunta es:
¿Creció en unas semanas?
No.
Llevaba años preparándose.
Así ocurre también con nosotros.
Cuando la vida parece romperse
Quizá perdiste un trabajo.
En ese momento solo viste fracaso.
Meses después descubriste una profesión mucho mejor.
Quizá una relación terminó.
Pensaste que el mundo se acababa.
Con el tiempo comprendiste que aquella persona estaba impidiendo tu crecimiento.
Quizá enfermaste.
Y precisamente esa enfermedad cambió tus prioridades, tu alimentación, tu forma de vivir y hasta tu espiritualidad.
¿Fue agradable?
No.
¿Fue útil?
En muchos casos, profundamente útil.
El escultor
Imagina un enorme bloque de mármol.
Para cualquiera es solo una piedra.
Pero el escultor ya puede ver la estatua que existe en su interior.
Cada golpe del cincel parece destruir la piedra.
Sin embargo, no la está destruyendo.
Está retirando todo aquello que sobra.
La vida hace exactamente lo mismo con nosotros.
Cada dificultad elimina un poco del miedo.
Del orgullo.
Del ego.
De la dependencia.
De las falsas creencias.
Hasta que aparece la mejor versión de nosotros mismos.
El ejercicio del cambio de mirada
Te propongo algo muy sencillo.
Coge un cuaderno.
Escribe tres acontecimientos muy difíciles que hayas vivido.
Ahora responde a estas preguntas:
- ¿Qué aprendí gracias a aquello?
- ¿Qué capacidades desarrollé?
- ¿Qué personas llegaron después?
- ¿Qué oportunidades aparecieron?
- ¿Quién sería hoy si aquello nunca hubiera ocurrido?
Haz este ejercicio despacio.
Te sorprenderá descubrir que muchas de tus mayores fortalezas nacieron precisamente de tus mayores heridas.
El segundo ejercicio: agradecer antes de comprender
Durante una semana, cada noche escribe una dificultad que estés viviendo actualmente.
Después añade debajo esta frase:
"Aunque todavía no comprenda el propósito de esta experiencia, confío en que el Universo está trabajando a mi favor."
No se trata de engañarte.
Se trata de abrir una puerta a una posibilidad diferente.
Porque muchas respuestas solo llegan con el tiempo.
La semilla y la oscuridad
Toda semilla debe enterrarse bajo tierra.
Desde fuera parece que ha desaparecido.
Está rodeada de oscuridad.
Presión.
Humedad.
Silencio.
Sin embargo, precisamente ahí comienza la vida.
Si la semilla pudiera hablar, probablemente pensaría que todo ha terminado.
Pero nosotros sabemos que en realidad acaba de empezar.
Quizá tú también estés viviendo ahora mismo uno de esos momentos oscuros.
No des nada por perdido.
Tal vez no estés siendo enterrado.
Tal vez simplemente estés siendo plantado.
Reflexión final
La metafísica nos recuerda que el Universo jamás desperdicia una experiencia.
Todo tiene un sentido, aunque no podamos verlo inmediatamente.
Cada obstáculo puede esconder una enseñanza.
Cada final puede estar preparando un comienzo.
Cada caída puede convertirse en el impulso necesario para elevarnos mucho más alto.
Quizá algún día mires hacia atrás y descubras que aquello que tanto lloraste fue exactamente lo que necesitabas para convertirte en la persona que hoy eres.
Y entonces comprenderás que, en ocasiones...
Lo peor que te pasó fue, en realidad, lo mejor que te podía pasar.
— Alberto Lajas
www.albertolajasescritor.com